Jueves , 14 Noviembre 2019
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Andrea: ‘Sufrí acoso sexual como practicante en una empresa en Quito’

La joven cursa el octavo semestre en una universidad de Quito. Como requisito académico, buscó realizar prácticas pre-profesionales y llegó hasta una agencia de publicidad, donde afrontó serias dificultades con el propietario.

Andrea (nombre protegido) no sabía si lo que había vivido se podía denunciar.

Esta es su historia:

“En febrero del 2019 comencé mis prácticas pre-profesionales en una agencia de publicidad. Al entrar en la organización mis expectativas por mejorar mis conocimientos eran grandes.

El dueño de la agencia me dijo que aprendería muchas cosas y que, ‘si todo iba bien’, podría conseguir un trabajo fijo.

Al iniciar, sentí que la relación con mi jefe era normal, solo hablamos en la oficina por temas de trabajo. Fue amable. Pero un día, mientras estaba en clases, me mandó un mensaje a WhatsApp invitándome a tomar unas cervezas.

El mensaje me sorprendió, porque no había hecho nada para darle a entender algo que no fuera estrictamente laboral.

Le dije que ‘no’. Me envió otro mensaje para decirme que necesitaba que le acompañe a comprar cosas para la oficina y que incluso pasaría por mí.

No sabía cómo decirle que no sin que eso afecte mi permanencia en la empresa. En esa ocasión me negué a ir.

En la tarde fui a la oficina como todos los días. Él, apenas me vio, dijo delante de todos mis compañeros: “Soñé que íbamos a Colombia e íbamos a comer y luego terminábamos los dos solos a mi casa”. Ellos solo se rieron, pero yo me sentí intimidada.

Al día siguiente, mi jefe se acercó y me dijo que debía acompañarlo a conocer unos clientes por la Mitad del Mundo. Fue una orden. Me sentí obligada.

Visitamos al cliente pero al salir, durante el trayecto de regreso, me hizo preguntas personales, como si le engañaría a mi novio o si me quedaría a dormir en su casa.

Me puse muy nerviosa. Le repetí que no. Le dije que me quería bajar del auto, pero él me decía que me tranquilice, que solo quería tomar unas cervezas conmigo.

Yo alcancé a enviar unos mensajes a mi familia, pero él se dio cuenta y me quitó el teléfono. Puso seguro en las puertas y dijo, aparentemente, en broma: “Tranquila solo son unas cervezas, no pasa nada”. Yo estaba realmente asustada.

Paró el auto, se bajó y puso seguro dejándome encerrada. Compró licor en una tienda y se volvió a subir. Quiso obligarme a tomar. Yo me negué.

Se estacionó en un lugar sórdido y apartado, camino al Valle de Los Chillos. Cerca parecía estar una quebrada. Él bebía. Llegué a temer por mi seguridad.

Recibió varias llamadas de alguien, que lo buscaba con insistencia. Al final, me dejó salir del auto. No llegó a tocarme. Antes de bajarme me recalcó que no podía contar a nadie lo que había ocurrido. Ya era de noche.

Llegué a casa en shock, sin saber qué hacer. No conté nada a nadie porque tenía miedo de que si denunciaba más bien yo me metería en problemas, él es empresario.

Al siguiente día, el último que debía cumplir en esa oficina, él siguió invitándome a salir por mensajes para beber. Yo simplemente no le contesté, salí de la oficina y no volví más.

Solo después de dos semanas me decidí a contar lo ocurrido en la Universidad. Pensé que esta mala experiencia le podía pasar a otra estudiante. Quería que la Universidad no mandara más personas a esa empresa.

Reporté el hecho a mi profesora encargada de definir las empresas para las prácticas. Ella respondió con empatía y me dijo que me creía y me apoyaba.

La Universidad hizo una investigación, yo tenía de respaldo los mensajes de celular. Convocó al propietario de la empresa para hablar con él, pero nunca se presentó.

La Universidad decidió anular el convenio. Para mí fue un alivio saber que, al menos, ya no irían más estudiantes.

No denuncié antes a las autoridades judiciales porque no sé si me vayan a creer y tengo miedo de que él tome represalias, porque cuando el tema estaba en investigación en la Universidad me escribió para decirme que ‘la denuncia me traería consecuencias’.

Siento que sería volver a traer a esa persona a mi vida y no quiero”.

¿Cómo saber si eres víctima de acoso sexual laboral?

El Convenio 111 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define al acoso sexual como “el comportamiento en función del sexo, de carácter desagradable y ofensivo para la persona que lo sufre”.

El estudio ¿Cómo se mide el acoso sexual?, del 2018, que se hizo con la colaboración de seis instituciones de educación superior del Ecuador, buscó definir con más precisión este tipo de hostigamiento.

El informe detalla las conductas que ayudan a identificarlo.

Una de ellas es el abuso de una posición de poder para lograr beneficios sexuales o el chantaje sexual realizado por un superior que genere consecuencias negativas como despido, peores condiciones laborales, etc.

Otra conducta es el contacto físico deliberado no solicitado ni consentido. Además, se incluyen invitaciones persistentes para participar en actividades sociales que tengan fines sexuales, pese a que las personas han dejado en claro que no las desean.

El acoso también puede estar relacionado con un entorno hostil en el trabajo, donde el superior realiza bromas persistentes y graves de carácter sexual, alusiones o comentarios groseros sobre la vida íntima de la otra persona, entre otros.

Aunque el Código Orgánico Integral Penal (COIP) tipifica al acoso sexual como un delito, la definición es muy general.

Alexandra Moncada, representante de Care en Ecuador, comenta que, por esto, grupos de defensa de género promueven una reforma. “Debe existir una modificación para que el concepto quede claro; caso contrario, es la palabra de la víctima contra la del agresor”.

Moncada explica que los fiscales suelen exigir pruebas a las víctimas, pero ellas no siempre las tienen. Por ello, Moncada recomienda “guardar audios y conversaciones escritas”.

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