Viernes , 23 Agosto 2019
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Emgirs necesita 4,6 millones para lixiviados

En un modelo ideal, las piscinas de lixiviados de un relleno sanitario deberían estar vacías. Pero en El Inga, adonde llega la basura que se genera en Quito, la terminación de un contrato y el mantenimiento de una planta frenaron el tratamiento de estos líquidos y se acumularon.

Los lixiviados se producen por la descomposición de la basura y las lluvias. Deben tratarse por separado de los desechos, por lo que se drenan a través de un sistema que incluye manholes (pozos de revisión).

En El Inga hay 11 piscinas para almacenarlos y procesarlos. Suman una capacidad máxima de 100 000 m³ y, debido a los problemas mencionados, desde noviembre pasado alcanzaron niveles altos de acumulación y en mayo de este año superaron los 90 000 m³. La cantidad fue alarmante porque, previamente, los lixiviados estaban por debajo de 48 000 m³.

Según Hernán Alvarado, gerente general de la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), el líquido pendiente por evacuar equivale a 400 piscinas olímpicas y se requieren USD 4,6 millones para cumplir con la tarea.

La capacidad de tratamiento estaba por debajo de los 500 m³ al día hasta abril, cuando se recuperó una planta que cumple esa tarea. Ahora supera los 750 m³ y el personal de Emgirs tiene la meta de liberar y eliminar cinco de las 11 piscinas existentes, como parte del inicio de un cierre técnico del relleno.

En lugar de esas piscinas, se planea construir un nuevo cubeto (espacio donde se entierra y se da tratamiento a la basura), para que reciba desechos a partir de mayo o junio del 2020. Está previsto que el cubeto 9b, que se utiliza desde enero pasado, se llene para entonces y deba cerrarse.

Con esta operación se busca que El Inga siga funcionando por cuatro años y medio más. Según John Bonifaz, gerente de Operaciones de Emgirs, el plan es generar una capacidad de tratamiento para trabajar al día con los lixiviados y evitar la acumulación. Así se optimizará el espacio para incorporar las piscinas al relleno. A la par, se planea reducir el ingreso de residuos, a través de una planta de aprovechamiento.

El alcalde Jorge Yunda recorrió este miércoles 7 de agosto del 2019 las instalaciones del relleno en compañía de varios concejales. Señaló que el objetivo de tener una planta como esta es dejar de buscar puntos donde enterrar basura y hallar una solución de reciclaje, tratamiento y aprovechamiento para los próximos años, en un espacio menor al actual.

Una planta de basura no necesariamente está fuera de la ciudad y puede levantarse en El Inga, mencionó Alvarado.

En Quito se producen 2 200 toneladas de desperdicios al día y la meta es que esa planta pueda procesar hasta 3 000, para generar productos como energía eléctrica, diésel o compost, a través de alianzas público-privadas.

Por ahora, la prioridad es evacuar los lixiviados acumulados y alargar la vida útil del relleno. Según el concejal Eduardo del Pozo, para financiar el requerimiento de Emgirs de USD 4,6 millones, se deben hacer ajustes y repartir el monto entre el nuevo presupuesto 2019 -que aún no se trata en Concejo- y el del 2020.

Además, cree necesario hacer una alianza con una empresa internacional con experiencia en tratamiento de basura, para que se pueda generar biocombustible o energía de tal forma que Emgirs no requiera ingresos de la ciudad sino que los produzca.

Actualmente, en Emgirs se realizan procesos de distribución de residuos, tratamiento de lixiviados, aprovechamiento de biogás, a cargo de la empresa privada Gas Green.

Al respecto, Yunda puntualizó que ese contrato se firmó en el 2015 y la electricidad que genera es netamente para esa firma. Dijo que es respetuoso de los contratos, pero cree que tienen una oportunidad de negociar para que la rentabilidad no sea solo para la empresa, sino también para la ciudad.

Emgirs deberá presentar en un mes al Concejo un informe sobre ese contrato y el que tiene con el Municipio de Rumiñahui y el detalle de sus planes a futuro para la empresa.

En El Inga también se procesan los residuos infecciosos. Todos pasan por un tratamiento inicial en sus instalaciones. Pero en el caso de los desechos anatomopatológicos (placentas o partes de amputaciones), por ejemplo, la incineración está a cargo de empresas privadas que tiene el equipo adecuado en Guayaquil y El Coca.

Alvarado considera que hay giros de negocio que deberían explotarse en el relleno, pues actualmente el sector privado se lleva una cartera importante, como las casas de salud.

Más allá del tratamiento, está la separación en la fuente, según el catedrático de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la U. Central, Eduardo Espín.

Lo orgánico puede pasar por un proceso biológico para producir compost o gas metano y el resto se puede incinerar y generar energía. “Si hay una campaña fuerte, se puede lograr una cultura de separación de residuos, como ocurre en Europa, donde hay una tendencia de cero rellenos”.

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