Jueves , 14 Noviembre 2019
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Tres juveniles dejaron su hogar para buscar éxitos en el fútbol

Todas las noches lloraba. Darlin Leiton extrañaba la comida de su madre Sonia Lamilla, los juegos de su padre Franklin, la calidez del hogar, los amigos, el barrio.

El veloz y punzante extremo tenía 12 años entonces. Se encontraba en la residencia del Centro de Alto Rendimiento de Independiente del Valle, una ‘fábrica’ de talentos juveniles de exportación.

A la casa del club de Sangolquí llegó a probarse tres veces. La primera vez fue en el 2014, hubo problemas de documentación y se marchó de regreso a Babahoyo. Regresó nuevamente y, tras una semana de pruebas, le dijeron que se quedara. Darlin no hizo caso y volvió a casa. No soportaba la ausencia de sus progenitores.

Entonces, su madre Sonia se ‘paró duro’. “Me dijo: esta es tu última oportunidad. Te quedas o te quedas”. Fueron las palabras que necesitaba para
instalarse definitivamente en el complejo del club rayado y luchar por su anhelo de llegar a jugar en el equipo de la Primera división, algo que ­logró esta temporada, el pasado 5 de julio, contra el Depor­tivo Cuenca.

Leiton es uno de los 90 jugadores que viven en la residencia de los rayados y uno de los privilegiados que ya forma parte de Primera. Es también uno de los centenares de adolescentes que vienen a Pichincha, todos los años, en busca de una oportunidad para ser fichados por un plantel de la Serie A. El desarraigo y las nuevas costumbres son los obs­táculos en su adaptación, explican los entrenadores y tutores de juveniles.

Ramiro Méndez es uno de los dos tutores de Independiente. “Nosotros nos transformamos en padres y madres de los chicos”, explica el guía. Cuenta que Leiton siempre fue un chico tranquilo, pero le gustaba entrar con capucha al comedor y con zapatillas.

Jean Carlos Peña es de Lago Agrio. Se formó en las inferiores de El Nacional. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Ramírez se encargó de corregir las normas de comportamiento del juvenil, que aprendió sobre disciplina, algo que le ayudó para ser tomado en cuenta por el entrenador Ismael Rescalvo. El técnico Miguel Ángel Ramírez le hizo debutar ante el cuadro azuayo.

Leiton, de 18 años, comparte la habitación con su amigo José Hurtado. También se lleva bien con William Pacho. “Si este año la rompo, el año que viene ya soy fijo en Independiente”, expresa el fluminense en el patio del club, donde hay una tienda en la que suele disfrutar de los cebichochos.

Jean Carlos Peña es más ‘grande’. Tiene 21 años y nació en Lago Agrio, la tierra de Antonio Valencia. Al igual que ‘Toño’, Peña también se formó en el club de los militares. Ahora juega en el plantel de la Primera y se ha consolidado como titular con el argentino Marcelo Zuleta.

Llegó por primera vez a Quito a probarse en Liga, en el 2014. Pero al día siguiente fue a El Nacional. Su padre le acompañó en su viaje a la capital y le ayudó para rentar un departamento. Jean Carlos se crió solo en la capital. En el 2016 salió del cuadro militar, porque no le daban oportunidades de jugar y se fue a la Segunda. Parecía que su anhelo de llegar al plantel principal de los criollos se acababa, pero regresó con Octavio Zambrano y llegó a debutar con Eduardo Favaro.

Ahora ya tiene esposa, Johana, y un hijo, Thiago, de 1 año y medio, lo que lo ayudó a consolidarse. También sueña con ganar un título y salir a jugar en el fútbol del exterior.

El mantense Jordy Alcívar vive en la residencia de los albos, en Pomasqui. Foto: David Paredes / EL COMERCIO

El mantense Jordy Alcívar vive en la residencia de los albos, en Pomasqui. Foto: David Paredes / EL COMERCIO

Jordy Alcívar, de 20 años, es más conocido que Leiton y Peña. Juega en Liga y estuvo en el Mundial Sub 20 con la Selección ecuatoriana.

El manaba aún vive en la residencia de Liga, en ‘El Chozón’, en Pomasqui. Comparte la habitación con otros cuatro juveniles, quienes siempre le hacen bromas porque ya se ‘codea’ con los jugadores de Primera.

Alcívar jugó ante Boca Juniors, en la Copa Libertadores, y el entrenador Pablo Repetto quedó contento con la nueva perla de Liga. Los directivos siguen de cerca su evolución y planean incentivos para el futbolista.

Alcívar está tranquilo. Confiesa que, en ocasiones, se queda sin salir de la concentración por las normas de convivencia de Liga. Cuando sale de la residencia, debe retomar máximo hasta las 20:00. Leiton también cumple horarios, algo similar en Independiente. Ahí, debe cumplir reglas como limpiar su cuarto, tender su cama. Lo hacen con el estímulo del fútbol, con el que sueñan ayudar a sus familiares y ser reconocidos como los ídolos que vieron en la niñez.

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