Martes , 29 Septiembre 2020

Dos años sin Michelle Montenegro; familia continúa su búsqueda en medio de la pandemia

Si Michelle Montenegro estuviese en casa -dice Jazmín, su hermana- hubiese salido a las calles para defender la lucha de las minorías. Gritarían juntas, como lo hicieron desde que eran niñas, cuando comenzaban a entender la importancia de los derechos humanos. Pero Michelle no está. La joven activista y docente desapareció hace dos años, un 5 de junio del 2018, y su familia no ha dejado de buscarla. Aunque la pandemia limita su salida a plantarse frente al Estado con su clamor y consignas, el viernes, sus familiares levantan su memoria para recordarla y exigir respuestas al sistema de justicia en Ecuador

Cuando desapareció, Michelle  -‘La Negra’, como la llamaba su familia- tenía 26 años. La joven se estaba recuperando de un trasplante de córnea, por eso tenía un parche de gasa y esparadrapo en uno de sus ojos. La mañana de aquel martes 5 de junio, ella -junto con su familia- acudió a un chequeo en un hospital público en Quito. A las 12:00 regresó a su casa, en el sector La Armenia, en el valle de Los Chillos.

Valeria, madre de la joven, salió a comprar en la tienda. Después de 10 minutos, regresó y su hija no estaba. “Mi esposa se comunicó con el guardia del conjunto y él le confirmó que Michelle salió solo con su monedero. Por eso, pensamos que quería alcanzar a su mamá”, contó Fernando -su padre- a este Diario. 

La familia inició la búsqueda de Michelle en el valle; recorrieron a pie todo el barrio, además de parques, aunque sin respuesta. “Llamamos a la Policía 
para denunciar su desaparición. Agentes le dijeron que debíamos esperar, que ya iba a regresar. Nunca llegó. Al día siguiente hicimos la denuncia”, relató el padre.

Michelle Montenegro fue una activa compañera de los familiares de personas desaparecidas. En la fotografía, Telmo Pacheco (centro) -símbolo de esa lucha-. Foto: Karol Noroña/ EL COMERCIO

Michelle Montenegro fue una activa compañera de los familiares de personas desaparecidas. En la fotografía, Telmo Pacheco (centro), símbolo de esa lucha. Foto: Karol Noroña/ EL COMERCIO

La última pista que se tuvo de ella es que, ese 5 de junio, cinco personas la vieron caminando cerca del puente antiguo de Guápulo. Michelle vestía jeans oscuros, blusa verde oscura y zapatos del mismo color.  

A dos años de su desaparición, la investigación sobre lo ocurrido con Michelle no avanza, pese a que el expediente ha llegado a las mesas de tres fiscales. Además, la familia fue informada el jueves 4 de junio sobre el cambio del agente de la Dinased, que siguió el caso de la joven durante dos años. “Nos enteramos por él, pero nadie se comunicó oficialmente con nosotros. Es una preocupación porque esos cambios dilatan la investigación. Hasta que otro agente conozca bien el caso…todo está pausado”, cuestiona Jazmín.

El 8 de marzo último -antes del inicio de la emergencia- Valeria, Fernando y Jazmín caminaban con banderas protagonizadas por el rostro de Michelle. Los familiares de ‘La Negra’ levantaron sus voces para denunciar la falta de acción por parte de la Dirección Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestro (Dinased), la Fiscalía y el Estado. “Se están violando los derechos de la vida de Michelle y el derecho a la verdad. El Estado ha sido incapaz de dar una respuesta y eso le convierte en cómplice de lo que nos está sucediendo y lo que le está sucediendo a Michelle en este momento”. 

En el hogar de Michelle, manejan una hipótesis: “Alguien la desapareció. No hay otra explicación. Ella es muy pegada a la familia, estaba bien con su vida. Ella conoce el dolor de las familias de las personas desaparecidas. Por eso, siempre hemos descartado una desaparición voluntaria. Han hablado de suicido, pero no hay ninguna prueba que nos lleve a eso”, señalan.

Jazmín y Michelle Montenegro. Desde pequeñas cultivaron su ímpetu por la lucha de las causas sociales. Foto: Cortesía

Jazmín y Michelle Montenegro. Desde pequeñas cultivaron su ímpetu por la lucha de las causas sociales. Foto: Cortesía

Durante el encierro, la ausencia se siente más en el silencio. Se siente -dice Jazmín- en los recuerdos, la música y las cosas de Michelle que hoy están más presentes que nunca en su hogar. “Con mi hermana siempre salíamos a marchas. Era mi compañera. Y sé que ella estaría ahí, conmigo, luchando por lo que el país está enfrentando. Es inevitable pensar en eso. Estaríamos haciendo diferentes cosas para la emergencia que estamos viviendo. Hay días buenos -dentro de lo que cabe- pero hay días que, de verdad, no te quieres ni levantar”, relata Jazmín. 

La familia preparaba una serie de movilizaciones, pero la pandemia los limitó. Pero, el sábado 6 de junio, una cicleada se realizará en nombre de la joven, que llegará al Arco de El Ejido a las 11:00 desde La Tribuna del Sur y la Y, en el norte de la ciudad. 

Pero, además, después del impacto del covid-19 en el país, Jazmín siente que la solidaridad será más grande. “Después de esta crisis, siento que debemos unirnos y saber que es el momento de apoyar, de alzar la voz, de exigirle al Estado para que haga algo por los desaparecidos. Es muy duro, sí, pero se puede hacer algo. Solo su apoyo nos llena de fuerza para seguir levantándonos”, dice la joven, con firmeza.

Una mujer comprometida con la defensa de los Derechos Humanos

Michelle era una líder innata. Desde los 16 años formó un grupo en el que -junto a su hermana Jazmín– impartía clases de tareas dirigidas a los pequeños hijos de comerciantes ambulantes de La Marín. Lo hicieron a través de la fundación Servicio de Voluntariado de la Compañía de Jesús en el Ecuador (Sigvol), apegada a las necesidades de los sectores más desprotegidos.

La joven docente no solo gritó por los desaparecidos, también lo hizo por las mujeres, víctimas de la violencia. Y compartía el activismo mientras se forjó en la Universidad Central del Ecuador, en la Facultad de Comunicación Social, y obtuvo una licenciatura en Turismo Histórico. No se limitaba, también fundó el colectivo La Revuelta.

Fernando Montenegro y Valeria Campos recuerdan a su hija Michelle Montenegro, una joven docente y activista desaparecida el 5 de junio del 2018. Foto: David Landeta/ EL COMERCIO

Fernando Montenegro y Valeria Campos recuerdan a su hija Michelle Montenegro, desaparecida el 5 de junio del 2018. Foto: David Landeta/ EL COMERCIO

A la par, la ‘Negra’ cultivó su convicción por la enseñanza. Siempre tuvo talento por los idiomas -sobre todo- con el inglés y el francés. Eso le permitió ser docente en un colegio en Conocoto, donde enseñó hasta el día de su desaparición.

Michelle quería cambio, transformación social. En su computadora, planificaba sus clases. Pero cada fin de semana era para sus otros alumnos, los pequeños de La Argelia, de La Ecuatoriana, de la Lucha de los Pobres.

Su padre siempre vuelve a un recuerdo de la infancia, cuando Michelle era la pequeña líder entre los grandes. En un patio grande, en el interior del hogar en el que vivían en el sur de Quito, Michelle compartía con sus ‘colegas’, con sus hermanos y con vecinos. Los cuidaba, los ayudaba, pese a que era menor.

Los recuerdos no caben en palabras, pero los que protagonizó la joven siguen vigentes en su hogar. Allí, juntos, Jazmín recuerda que a Michelle siempre la acompañó la música de Jaime Guevara, esa de piezas combativas que se escuchan en las calles contra el poder. Pronto podrán salir -esperan- para cantar la copla que el cantante compuso para ella: “Lucharemos por encontrarte y de nuevo en nuestros brazos tenerte, abrazarte, besarte y nunca más dejarte, Combatimos por volver a verte…”. 

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